Para conocer mejor al poeta oriolano podéis ver estos vídeos del programa Informe Semanal.
jueves, 25 de marzo de 2010
domingo, 21 de marzo de 2010
Día Mundial de la POESÍA

El Día Mundial de la Poesía es un homenaje a la palabra poética propuesto en el año 2001 por la UNESCO, se celebra cada 21 de marzo (equinoccio de primavera) con el propósito de consagrar la palabra esencial y la reflexión sobre nuestro tiempo.
La diversidad poética nos brinda otra manera de dialogar. Nos permite descubrir que todos y cada uno de nosotros, en cualquier punto de la Tierra, compartimos los mismos interrogantes y sentimientos. Es una faceta de nuestra libertad, es nuestra humanidad. Por eso la poesía debe ocupar el lugar que le corresponde en los programas de educación de calidad. Mediante al acceso a la poética del mundo entero, los jóvenes pueden disponer de un vector más, diferente, sutil y fluido, para mejorar su conocimiento y comprensión del prójimo. El descubrimiento de un nuevo poema constituye un acto de inmersión en la lengua, pero también en la emoción y la sensibilidad del otro, por más distante que se encuentre en términos geográficos.
La poesía es una voz que resuena por doquier, sin frontera ni barrera. Es un medio de correspondencia, de conocimiento y descubrimiento del prójimo. Hagamos de ella también un nuevo sendero hacia la paz.
Mensaje de Irina Bokova, Directora General de la UNESCO, con motivo del Día Mundial de la Poesía, 21 de marzo de 2010.

La diversidad poética nos brinda otra manera de dialogar. Nos permite descubrir que todos y cada uno de nosotros, en cualquier punto de la Tierra, compartimos los mismos interrogantes y sentimientos. Es una faceta de nuestra libertad, es nuestra humanidad. Por eso la poesía debe ocupar el lugar que le corresponde en los programas de educación de calidad. Mediante al acceso a la poética del mundo entero, los jóvenes pueden disponer de un vector más, diferente, sutil y fluido, para mejorar su conocimiento y comprensión del prójimo. El descubrimiento de un nuevo poema constituye un acto de inmersión en la lengua, pero también en la emoción y la sensibilidad del otro, por más distante que se encuentre en términos geográficos.
La poesía es una voz que resuena por doquier, sin frontera ni barrera. Es un medio de correspondencia, de conocimiento y descubrimiento del prójimo. Hagamos de ella también un nuevo sendero hacia la paz.
Mensaje de Irina Bokova, Directora General de la UNESCO, con motivo del Día Mundial de la Poesía, 21 de marzo de 2010.
El poema
Y ahora, aquí está frente a mí.
Tantas luchas que ha costado,
tantos afanes en vela,
tantos bordes de fracaso
junto a este esplendor sereno
ya son nada, se olvidaron.
Él queda, y en él, el mundo,
la rosa, la piedra, el pájaro,
aquéllos , los del principio,
de este final asombrados.
¡Tan claros que se veían,
y aún se podía aclararlos!
Están mejor; una luz
que el sol no sabe, unos rayos
los iluminan, sin noche,
para siempre revelados.
Las claridades de ahora
lucen más que las de mayo.
Si allí estaban, ahora aquí;
a más transparencia alzados.
¡Qué naturales parecen,
qué sencillo el gran milagro!
En esta luz del poema,
todo,
desde el más nocturno beso
al cenital esplendor,
todo está mucho más claro.
Gacela de la terrible presencia
Yo quiero que el agua se quede sin cauce,
yo quiero que el viento se quede sin valles.
Quiero que la noche se quede sin ojos
y mi corazón sin flor del oro;
que los bueyes hablen con las grandes hojas
y que la lombriz se muera de sombra;
que brillen los dientes de la calavera
y los amarillos inunden la seda.
Puedo ver el duelo de la noche herida
luchando enroscada con el mediodía.
Resiste un ocaso de verde veneno
y los arcos rotos donde sufre el tiempo.
Pero no ilumines tu limpio desnudo
como un negro cactus abierto en los juncos.
Déjame en un ansia de oscuros planetas,
pero no me enseñes tu cintura fresca.

Arte poética
Mirar el río hecho de tiempo y agua
Y recordar que el tiempo es otro río,
Saber que nos perdemos como el río
Y que los rostros pasan como el agua.
Sentir que la vigilia es otro sueño
Que sueña no soñar y que la muerte
Que teme nuestra carne es esa muerte
De cada noche, que se llama sueño.
Ver en el día o en el año un símbolo
De los días del hombre y de sus años,
Convertir el ultraje de los años
En una música, un rumor y un símbolo,
Ver en la muerte el sueño, en el ocaso
Un triste oro, tal es la poesía
Que es inmortal y pobre. La poesía
Vuelve como la aurora y el ocaso.
A veces en las tardes una cara
Nos mira desde el fondo de un espejo;
El arte debe ser como ese espejo
Que nos revela nuestra propia cara.
Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
Lloró de amor al divisar su Itaca
Verde y humilde. El arte es esa Itaca
De verde eternidad, no de prodigios.
También es como el río interminable
Que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
Y es otro, como el río interminable.
El viento
Se ha de ver en tus manos el viento,
anclado en tus dedos,
alzarse y prenderte.
De llama en tu pelo-crepúsculo-,
se enrosca a mi cuerpo
y se yerguehecho cinta y reflejo,
de cobre en tus ojos,
de carne en mis dedos,
Si te das al viento
date toda hecha
viento contra viento,
y tómame en él
y viérteme el cuerpo,
antes que mi frente,
tú y el viento lejos,
sea sólo roce,
memoria del viento.
Y ahora, aquí está frente a mí.
Tantas luchas que ha costado,
tantos afanes en vela,
tantos bordes de fracaso
junto a este esplendor sereno
ya son nada, se olvidaron.
Él queda, y en él, el mundo,
la rosa, la piedra, el pájaro,
aquéllos , los del principio,
de este final asombrados.
¡Tan claros que se veían,
y aún se podía aclararlos!
Están mejor; una luz
que el sol no sabe, unos rayos
los iluminan, sin noche,
para siempre revelados.
Las claridades de ahora
lucen más que las de mayo.
Si allí estaban, ahora aquí;
a más transparencia alzados.
¡Qué naturales parecen,
qué sencillo el gran milagro!
En esta luz del poema,
todo,
desde el más nocturno beso
al cenital esplendor,
todo está mucho más claro.
Pedro Salinas
Gacela de la terrible presencia
Yo quiero que el agua se quede sin cauce,
yo quiero que el viento se quede sin valles.
Quiero que la noche se quede sin ojos
y mi corazón sin flor del oro;
que los bueyes hablen con las grandes hojas
y que la lombriz se muera de sombra;
que brillen los dientes de la calavera
y los amarillos inunden la seda.
Puedo ver el duelo de la noche herida
luchando enroscada con el mediodía.
Resiste un ocaso de verde veneno
y los arcos rotos donde sufre el tiempo.
Pero no ilumines tu limpio desnudo
como un negro cactus abierto en los juncos.
Déjame en un ansia de oscuros planetas,
pero no me enseñes tu cintura fresca.
Federico García Lorca

Arte poética
Mirar el río hecho de tiempo y agua
Y recordar que el tiempo es otro río,
Saber que nos perdemos como el río
Y que los rostros pasan como el agua.
Sentir que la vigilia es otro sueño
Que sueña no soñar y que la muerte
Que teme nuestra carne es esa muerte
De cada noche, que se llama sueño.
Ver en el día o en el año un símbolo
De los días del hombre y de sus años,
Convertir el ultraje de los años
En una música, un rumor y un símbolo,
Ver en la muerte el sueño, en el ocaso
Un triste oro, tal es la poesía
Que es inmortal y pobre. La poesía
Vuelve como la aurora y el ocaso.
A veces en las tardes una cara
Nos mira desde el fondo de un espejo;
El arte debe ser como ese espejo
Que nos revela nuestra propia cara.
Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
Lloró de amor al divisar su Itaca
Verde y humilde. El arte es esa Itaca
De verde eternidad, no de prodigios.
También es como el río interminable
Que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
Y es otro, como el río interminable.
Jorge Luis Borges
El viento
Se ha de ver en tus manos el viento,
anclado en tus dedos,
alzarse y prenderte.
De llama en tu pelo-crepúsculo-,
se enrosca a mi cuerpo
y se yerguehecho cinta y reflejo,
de cobre en tus ojos,
de carne en mis dedos,
Si te das al viento
date toda hecha
viento contra viento,
y tómame en él
y viérteme el cuerpo,
antes que mi frente,
tú y el viento lejos,
sea sólo roce,
memoria del viento.
Vicente Aleixandre
viernes, 12 de marzo de 2010
Adiós a Miguel Delibes

Hoy, como no me encontraba muy bien, me he quedado en casa, ya sabéis que tengo falta justificada. Pues bien, lo primero que he hecho, incluso antes de desayunar, pues mi dieta en estos momentos no me permite muchos excesos, ha sido encender el ordenador para repasar la prensa y comprobar, con tristeza, que en todas las portadas de los diarios aparecía la fatal noticia de la muerte de uno de mis escritores más admirados.
Miguel Delibes, gran novelista de la lengua castellana, muere a los 89 años en su casa de Valladolid, se podría decir que ésta ha sido una muerte anunciada por cuanto que su salud andaba muy maltrecha desde que, en 1989, le diagnosticaron un cáncer de colon.
Así lo contó él mismo:
Aunque viví hasta el año dos mil..., el escritor Miguel Delibes murió en Madrid el 21 de mayo de 1998, en la mesa de operaciones de la clínica de La Luz. Esto es, los últimos años literariamente no le sirvieron de nada.
El balance de la intervención quirúrgica fue desfavorable. Perdí todo: perdí hematíes, memoria, dioptrías, capacidad de concentración... En el quirófano entró un hombre inteligente y salió un lerdo. Imposible volver a escribir. Lo noté enseguida. No era capaz de ordenar mi cerebro. La memoria fallaba y me faltaba capacidad para concentrarme. ¿Cómo abordar una novela y mantener vivos en mi imaginación, durante dos o tres años, personajes con su vida propia y sus propias características? ¿Cómo profundizar en las ideas exigidas por un encargo de mediana entidad? Estaba acabado. El cazador que escribe se termina al tiempo que el escritor que caza. Me faltaban facultades físicas e intelectuales. Y los que no me creyeron y vaticinaron que escribiría más novelas después de El hereje se equivocaron de medio a medio. Terminé como siempre había imaginado: incapaz de abatir una perdiz roja ni de escribir una cuartilla con profesionalidad.
Entre 1941 y 1963 trabajó en el diario "El Norte de Castilla", del que fue caricaturista, redactor y director, cargo del que dimitió a causa de la censura.
Entre los numerosos galardones que ha recibido por su trabajo figuran el Premio Nadal (1947) por La sombra del ciprés es alargada; el Nacional de Literatura (1955), por Diario de un cazador; y el de la Crítica (1962), por Las ratas. En 1982 compartió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras con Gonzalo Torrente Ballester y en 1999 ganó el Premio Cervantes.
Fue elegido académico de la Lengua el 1 de febrero de 1973, allí pronunció su discurso de ingreso "El sentido del progreso desde mi obra" dedicado a la defensa de la naturaleza, otra de sus grandes pasiones.
Muchas de sus novelas han sido adaptadas al cine, la televisión o el teatro, como El camino (1963), de Ana Mariscal; La guerra de papá (1977), de Antonio Mercero; Los santos inocentes (1984), de Mario Camus; Una pareja perfecta (1997), de Francesc Betriu; o El disputado voto del señor Cayo (1986) y Las ratas (1998), películas ambas de Antonio Giménez Rico.
Dentro de la escena queda el recuerdo de sus Cinco horas con Mario, monólogo interpretado por Lola Herrera, o Las guerras de nuestros antepasados, con Manuel Galiana.
Sus cuatro últimas obras han sido El hereje (1998), los ensayos España 1936-1950: Muerte y resurrección de la novela (2004) y La tierra herida (2005, al alimón con su hijo Miguel) y Viejas historias y cuentos completos (2006).
jueves, 11 de marzo de 2010
Les Velles de Serra

De nuevo nuestro Centro ha resultado ganador del primer premio en el concurso de les Velles de Serra. Este año se ha celebrado la XXVIII edición de este concurso, organizado por el Patronato Histórico Artístico d’Elig (PHACE).
Es una tradición en Elche que el miércoles central de Cuaresma aparezcan en las calles unos peculiares personajes denominados Velles de Serra. Estos monigotes o muñecos, hechos con ropas viejas y utensilios domésticos, suelen colocarse en las puertas de algunos establecimientos, en balcones, en los centros educativos... Junto a ellos, unos carteles con críticas o sátiras de la vida política o social en tono jocoso que provocan la curiosidad de los viandantes.
Es una tradición en Elche que el miércoles central de Cuaresma aparezcan en las calles unos peculiares personajes denominados Velles de Serra. Estos monigotes o muñecos, hechos con ropas viejas y utensilios domésticos, suelen colocarse en las puertas de algunos establecimientos, en balcones, en los centros educativos... Junto a ellos, unos carteles con críticas o sátiras de la vida política o social en tono jocoso que provocan la curiosidad de los viandantes.
Esta tradición parece que está basada en una leyenda que se remonta al momento de la muerte y resurrección de Jesucristo, y que se traslada a la época medieval en la que se colocaban estos monigotes en las murallas del castillo con la mirada puesta al Raval, como especie de burla a los infieles. Esta tradición trascendió a los siglos XVIII Y XIX ya que se conservan documentos de la existencia de les velles.
Después de siglos, se acordó realizar esta práctica el miércoles central de Cuaresma, porque la Iglesia permitía "un desahogo este día, dentro de la rectitud propia de la Cuaresma". Desde hace veintiocho años la tradición se ha retomado y todos los años durante unos días los ilicitanos se olvidan de los problemas cotidianos y sonríen al contemplar estos ninots.
Como veis en la fotografía, nuestras velles critican la proliferación de los grandes centros comerciales que llevan a muchos pequeños comercios a cerrar sus puertas.
Desde aquí felicitamos a las profesoras de Religión y a todos los alumnos que han participado y han conseguido este merecido premio.
Después de siglos, se acordó realizar esta práctica el miércoles central de Cuaresma, porque la Iglesia permitía "un desahogo este día, dentro de la rectitud propia de la Cuaresma". Desde hace veintiocho años la tradición se ha retomado y todos los años durante unos días los ilicitanos se olvidan de los problemas cotidianos y sonríen al contemplar estos ninots.
Como veis en la fotografía, nuestras velles critican la proliferación de los grandes centros comerciales que llevan a muchos pequeños comercios a cerrar sus puertas.
Desde aquí felicitamos a las profesoras de Religión y a todos los alumnos que han participado y han conseguido este merecido premio.
domingo, 7 de marzo de 2010
8 de marzo. Día Internacional de la Mujer

El Día Internacional de la Mujer lo celebramos en todo el mundo. Esta fecha se conmemora también en las Naciones Unidas con diversos actos. El lema de este año 2010 es IGUALDAD DE DERECHOS. IGUALDAD DE OPORTUNIDADES. PROGRESO PARA TODOS.
En 2010 se cumplen cien años de lucha en pro de la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo. Las mujeres han luchado desde la Antigüedad por tener los mismos derechos que los hombres, muchas de ellas han pasado a la Historia por su lucha por la igualdad. En la antigua Grecia, Lisístrata empezó una huelga sexual contra los hombres para poner fin a la guerra; en la Revolución Francesa, las parisienses que pedían "libertad, igualdad y fraternidad" marcharon hacia Versalles para exigir el sufragio femenino. Otras, trabajan de forma anónima para conseguir que desaparezca violencia machista, que disminuyan los abusos sexuales, que se repete a todas las mujeres y que tengan las mismas oportunidades que los hombres.

"La igualdad de las mujeres y las niñas constituye también un imperativo económico y social. Hasta que no se logre liberar a las mujeres y las niñas de la pobreza y la injusticia, todos nuestros objetivos —la paz, la seguridad, el desarrollo sostenible— correrán peligro.».
Secretario General, Ban Ki-moon

"La igualdad de las mujeres y las niñas constituye también un imperativo económico y social. Hasta que no se logre liberar a las mujeres y las niñas de la pobreza y la injusticia, todos nuestros objetivos —la paz, la seguridad, el desarrollo sostenible— correrán peligro.».
Secretario General, Ban Ki-moon
miércoles, 3 de marzo de 2010
ME GUSTA LEER A LAURA GALLEGO
La escritora valenciana Laura Gallego es la autora de uno de los libros que más éxito ha tenido entre las lectoras y lectores del Instituto.Me estoy refiriendo a El valle de los lobos.
Aquí tenéis un vídeo para que conozcáis más obras suyas y, por qué no, os animéis a leerlas.
Aquí tenéis un vídeo para que conozcáis más obras suyas y, por qué no, os animéis a leerlas.
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LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL
lunes, 1 de marzo de 2010
Para vivir no quiero. Pedro Salinas
Para vivir no quiero
Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!
Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!
Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».
La voz a ti debida
Pedro Salinas fue miembro de la Generación del 27, en la que destacó como poeta del amor. Profundo intelectual y humanista, Salinas estudió las carreras de Derecho y de Filosofía y Letras. Fue lector de español en la Universidad de París entre 1914 y 1917, año en que se doctoró en letras. Impartió clases de Literatura en la Universidad de Sevilla, donde permaneció ocho años. Su influjo en los jóvenes poetas andaluces es importante, según recuerda Cernuda: “Quien acude a él halla siempre, por lo menos, una palabra cordial, un gesto, un estimulo”. Trabajó como lector de español en Cambridge. Junto a Guillermo de Torre dirigió la revista Índice literario (1932-1936). En este último año emigró a Estados Unidos, donde se desempeñó como profesor en distintas universidades, y allí vivió hasta su muerte, salvo algunos períodos en que dictó clases en la Universidad de San Juan de Puerto Rico.
En su poesía se dan vanguardia y tradición entrelazadas. Su búsqueda de la esencialidad hace creer a los lectores que es un poeta sencillo ya que utiliza un léxico no rebuscado, pero complejo al querer expresar la profunda complejidad de la realidad.
El amor es el tema central de la poesía de Salinas, pero no un amor en abstracto, sino el amor concreto, cotidiano, situado en una realidad temporal que incorpora a la aventura amorosa, vivida como sorpresa incesante, el mundo mecánico que rodea o que utilizan los amantes: el teléfono, el automóvil, el cine, la electricidad, los anuncios luminosos, etc. Salinas canta a la amada como un ser capaz de transfigurar los objetos de su ámbito cotidiano, de reinventar el mundo y sus maravillas.
La voz a ti debida (1934), debe su título a un endecasílabo de la Égloga III de Garcilaso; está considerado como un poema unitario, donde pueden rastrearse variaciones sobre el tema amoroso.
Es una historia vivida desde la pasión primera hasta la ruptura, pasando por una unión plena y absoluta con la amada, sin que nombre nunca ni a la amante ni a la amada, que aparecen de forma anónima, desprovistos de datos personales; por ello los nombres quedan sustituidos por los apasionados pronombres yo y tú, aunque dejan traslucir la dificultad de comunicarse y el adiós a los amantes.
Para Guillén detrás del tú hay una mujer real de carne y hueso, no una ficción; sin embargo, otros críticos aluden a que el tú es la conciencia del autor; otros, ven la obra como un símbolo de la creación y pérdida del edén amoroso.
Según algunos críticos, esta obra es la primera de una trilogía que seguirá con y Razón de amor y Largo lamento.
En su poesía se dan vanguardia y tradición entrelazadas. Su búsqueda de la esencialidad hace creer a los lectores que es un poeta sencillo ya que utiliza un léxico no rebuscado, pero complejo al querer expresar la profunda complejidad de la realidad.
El amor es el tema central de la poesía de Salinas, pero no un amor en abstracto, sino el amor concreto, cotidiano, situado en una realidad temporal que incorpora a la aventura amorosa, vivida como sorpresa incesante, el mundo mecánico que rodea o que utilizan los amantes: el teléfono, el automóvil, el cine, la electricidad, los anuncios luminosos, etc. Salinas canta a la amada como un ser capaz de transfigurar los objetos de su ámbito cotidiano, de reinventar el mundo y sus maravillas.
La voz a ti debida (1934), debe su título a un endecasílabo de la Égloga III de Garcilaso; está considerado como un poema unitario, donde pueden rastrearse variaciones sobre el tema amoroso.
Es una historia vivida desde la pasión primera hasta la ruptura, pasando por una unión plena y absoluta con la amada, sin que nombre nunca ni a la amante ni a la amada, que aparecen de forma anónima, desprovistos de datos personales; por ello los nombres quedan sustituidos por los apasionados pronombres yo y tú, aunque dejan traslucir la dificultad de comunicarse y el adiós a los amantes.
Para Guillén detrás del tú hay una mujer real de carne y hueso, no una ficción; sin embargo, otros críticos aluden a que el tú es la conciencia del autor; otros, ven la obra como un símbolo de la creación y pérdida del edén amoroso.
Según algunos críticos, esta obra es la primera de una trilogía que seguirá con y Razón de amor y Largo lamento.
viernes, 26 de febrero de 2010
Jorge Luis Borges. Funes el Memorioso

Jorge Luis Borges Acevedo. (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899 - Ginebra, Suiza, 14 de junio de 1986). Poeta, ensayista y escritor argentino.
Estudió en Ginebra e Inglaterra. Vivió en España desde 1919 hasta su regreso a Argentina en 1921. Colaboró en revistas literarias -francesas y españolas- donde publicó ensayos y manifiestos.
En 1923 publicó su primer libro de poemas Fervor de Buenos Aires. En 1935, publicó Historia universal de la infamia compuesto por una serie de relatos breves, formato que utilizará en publicaciones posteriores.
Durante los años treinta su fama creció en Argentina y publicó diversas obras en colaboración con Bioy Casares, de entre las que cabe subrayar Antología de la literatura fantástica.
Borges creó un singular estilo literario, basado en la interpretación de conceptos como los de tiempo, espacio, destino o realidad. La simbología que utiliza remite a los autores que más le influenciaron William Shakespeare, Thomas De Quincey, Rudyard Kipling o Joseph Conrad.
Cultivó la narración fantástica y se reveló como un maestro del relato corto, en donde daba rienda suelta a un simbolismo propio y original con trazos metafísicos.
Sus obras clave son Historia universal de la infamia (1935), Ficciones (1944), (1949), El Aleph, El informe de Brodie (1970) o El libro de arena (1976). En 1979 le fue concedido el premio Cervantes.Resumen
Un muchacho de 19 años cuya vida cambia a partir de un accidente: antes, recordaba la hora con total precisión; después, podía recordar cualquier detalle de su vida. En esta última etapa de su vida, Funes permanece en su cuarto a oscuras, ya que sabe cada cosa que hay en el cuarto; tampoco mantiene la costumbre de saber la hora, ya que vive en el pasado.
LO RECUERDO (YO no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto) con una oscura pasionaria en la mano, viéndola como nadie la ha visto, aunque la mirara desde el crepúsculo del día hasta el de la noche, toda una vida entera. Lo recuerdo, la cara taciturna y aindiada y singularmente remota, detrás del cigarrillo. Recuerdo (creo) sus manos afiladas de trenzador. Recuerdo cerca de esas manos un mate, con las armas de la Banda Oriental; recuerdo en la ventana de la casa una estera amarilla, con un vago paisaje lacustre. Recuerdo claramente su voz; la voz pausada, resentida y nasal del orillero antiguo, sin los silbidos italianos de ahora. Más de tres veces no lo vi; la última, en 1887... Me parece muy feliz el proyecto de que todos aquellos que lo trataron escriban sobre él; mi testimonio será acaso el más breve y sin duda el más pobre, pero no el menos imparcial del volumen que editarán ustedes. Mi deplorable condición de argentino me impedirá incurrir en el ditirambo —género obligatorio en el Uruguay, cuando el tema es un uruguayo. Literato, cajetilla, porteño: Funes no dijo esas injuriosas palabras, pero de un modo suficiente me consta que yo representaba para él esas desventuras. Pedro Leandro Ipuche ha escrito que Funes era un precursor de los superhombres; “Un Zarathustra cimarrón y vernáculo”; no lo discuto, pero no hay que olvidar que era también un compadrito de Fray Bentos, con ciertas incurables limitaciones.
Mi primer recuerdo de Funes es muy perspicuo. Lo veo en un atardecer de marzo o febrero del año ochenta y cuatro. Mi padre, ese año, me había llevado a veranear a Fray Bentos. Yo volvía con mi primo Bernardo Haedo de la estancia de San Francisco. Volvíamos cantando, a caballo, y ésa no era la única circunstancia de mi felicidad. Después de un día bochornoso, una enorme tormenta color pizarra había escondido el cielo. La alentaba el viento del Sur, ya se enloquecían los árboles; yo tenía el temor (la esperanza) de que nos sorprendiera en un descampado el agua elemental. Corrimos una especie de carrera con la tormenta. Entramos en un callejón que se ahondaba entre dos veredas altísimas de ladrillo. Había oscurecido de golpe; oí rápidos y casi secretos pasos en lo alto; alcé los ojos y .vi un muchacho que corría por la estrecha y rota vereda como por una estrecha y rota pared. Recuerdo la bombacha, las alpargatas, recuerdo el cigarrillo en el duro rostro, contra el nubarrón ya sin límites. Bernardo le gritó imprevisiblemente: ¿Qué horas son, Ireneo? Sin consultar el cielo, sin detenerse, el otro respondió: Faltan cuatro mínutos para las ocho, joven Bernardo Juan Francisco. La voz era aguda, burlona.
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Mi primer recuerdo de Funes es muy perspicuo. Lo veo en un atardecer de marzo o febrero del año ochenta y cuatro. Mi padre, ese año, me había llevado a veranear a Fray Bentos. Yo volvía con mi primo Bernardo Haedo de la estancia de San Francisco. Volvíamos cantando, a caballo, y ésa no era la única circunstancia de mi felicidad. Después de un día bochornoso, una enorme tormenta color pizarra había escondido el cielo. La alentaba el viento del Sur, ya se enloquecían los árboles; yo tenía el temor (la esperanza) de que nos sorprendiera en un descampado el agua elemental. Corrimos una especie de carrera con la tormenta. Entramos en un callejón que se ahondaba entre dos veredas altísimas de ladrillo. Había oscurecido de golpe; oí rápidos y casi secretos pasos en lo alto; alcé los ojos y .vi un muchacho que corría por la estrecha y rota vereda como por una estrecha y rota pared. Recuerdo la bombacha, las alpargatas, recuerdo el cigarrillo en el duro rostro, contra el nubarrón ya sin límites. Bernardo le gritó imprevisiblemente: ¿Qué horas son, Ireneo? Sin consultar el cielo, sin detenerse, el otro respondió: Faltan cuatro mínutos para las ocho, joven Bernardo Juan Francisco. La voz era aguda, burlona.
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domingo, 14 de febrero de 2010
La luz es como el agua. Gabriel García Márquez

Gabriel García Márquez, en Doce cuentos peregrinos, nos regala esta maravillosa historia que seguro os va a gustar.
La luz es como el agua
En Navidad los niños volvieron a pedir un bote de remos.
-De acuerdo -dijo el papá, lo compraremos cuando volvamos a Cartagena.
Totó, de nueve años, y Joel, de siete, estaban más decididos de lo que sus padres creían.
-No -dijeron a coro-. Nos hace falta ahora y aquí.
-Para empezar -dijo la madre-, aquí no hay más aguas navegables que la que sale de la ducha.
Tanto ella como el esposo tenían razón. En la casa de Cartagena de Indias había un patio con un muelle sobre la bahía, y un refugio para dos yates grandes. En cambio aquí en Madrid vivían apretados en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. Pero al final ni él ni ella pudieron negarse, porque les habían prometido un bote de remos con su sextante y su brújula si se ganaban el laurel del tercer año de primaria, y se lo habían ganado. Así que el papá compró todo sin decirle nada a su esposa, que era la más reacia a pagar deudas de juego. Era un precioso bote de aluminio con un hilo dorado en la línea de flotación.
-El bote está en el garaje -reveló el papá en el almuerzo-. El problema es que no hay cómo subirlo ni por el ascensor ni por la escalera, y en el garaje no hay más espacio disponible.
Sin embargo, la tarde del sábado siguiente los niños invitaron a sus condiscípulos para subir el bote por las escaleras, y lograron llevarlo hasta el cuarto de servicio.
-Felicitaciones -les dijo el papá ¿ahora qué?
-Ahora nada -dijeron los niños-. Lo único que queríamos era tener el bote en el cuarto, y ya está.
La noche del miércoles, como todos los miércoles, los padres se fueron al cine. Los niños, dueños y señores de la casa, cerraron puertas y ventanas, y rompieron la bombilla encendida de una lámpara de la sala. Un chorro de luz dorada y fresca como el agua empezó a salir de la bombilla rota, y lo dejaron correr hasta que el nivel llego a cuatro palmos. Entonces cortaron la corriente, sacaron el bote, y navegaron a placer por entre las islas de la casa.
Esta aventura fabulosa fue el resultado de una ligereza mía cuando participaba en un seminario sobre la poesía de los utensilios domésticos. Totó me preguntó cómo era que la luz se encendía con sólo apretar un botón, y yo no tuve el valor de pensarlo dos veces.
La luz es como el agua -le contesté: uno abre el grifo, y sale.
De modo que siguieron navegando los miércoles en la noche, aprendiendo el manejo del sextante y la brújula, hasta que los padres regresaban del cine y los encontraban dormidos como ángeles de tierra firme. Meses después, ansiosos de ir más lejos, pidieron un equipo de pesca submarina. Con todo: máscaras, aletas, tanques y escopetas de aire comprimido.
-Está mal que tengan en el cuarto de servicio un bote de remos que no les sirve para nada -dijo el padre-. Pero está peor que quieran tener además equipos de buceo.
-¿Y si nos ganamos la gardenia de oro del primer semestre? -dijo Joel.
-No -dijo la madre, asustada-. Ya no más.
El padre le reprochó su intransigencia.
-Es que estos niños no se ganan ni un clavo por cumplir con su deber -dijo ella-, pero por un capricho son capaces de ganarse hasta la silla del maestro.
Los padres no dijeron al fin ni que sí ni que no. Pero Totó y Joel, que habían sido los últimos en los dos años anteriores, se ganaron en julio las dos gardenias de oro y el reconocimiento público del rector. Esa misma tarde, sin que hubieran vuelto a pedirlos, encontraron en el dormitorio los equipos de buzos en su empaque original. De modo que el miércoles siguiente, mientras los padres veían El último tango en París, llenaron el apartamento hasta la altura de dos brazas, bucearon como tiburones mansos por debajo de los muebles y las camas, y rescataron del fondo de la luz las cosas que durante años se habían perdido en la oscuridad.
En la premiación final los hermanos fueron aclamados como ejemplo para la escuela, y les dieron diplomas de excelencia. Esta vez no tuvieron que pedir nada, porque los padres les preguntaron qué querían. Ellos fueron tan razonables, que sólo quisieron una fiesta en casa para agasajar a los compañeros de curso.
El papá, a solas con su mujer, estaba radiante.
-Es una prueba de madurez -dijo.
-Dios te oiga -dijo la madre.
El miércoles siguiente, mientras los padres veían La Batalla de Argel , la gente que pasó por la Castellana vio una cascada de luz que caía de un viejo edificio escondido entre los árboles. Salía por los balcones, se derramaba a raudales por la fachada, y se encauzó por la gran avenida en un torrente dorado que iluminó la ciudad hasta el Guadarrama.
Llamados de urgencia, los bomberos forzaron la puerta del quinto piso, y encontraron la casa rebosada de luz hasta el techo. El sofá y los sillones forrados en piel de leopardo flotaban en la sala a distintos niveles, entre las botellas del bar y el piano de cola y su mantón de Manila que aleteaba a media agua como una mantarraya de oro. Los utensilios domésticos, en la plenitud de su poesía, volaban con sus propias alas por el cielo de la cocina. Los instrumentos de la banda de guerra, que los niños usaban para bailar, flotaban al garete entre los peces de colores liberados de la pecera de mamá, que eran los únicos que flotaban vivos y felices en la vasta ciénaga iluminada. En el cuarto de baño flotaban los cepillos de dientes de todos, los preservativos de papá, los pomos de cremas y la dentadura de repuesto de mamá, y el televisor de la alcoba principal flotaba de costado, todavía encendido en el último episodio de la película de media noche prohibida para niños.
Al final del corredor, flotando entre dos aguas, Totó estaba sentado en la popa del bote, aferrado a los remos y con la máscara puesta, buscando el faro del puerto hasta donde le alcanzó el aire de los tanques, y Joel flotaba en la proa buscando todavía la altura de la estrella polar con el sextante, y flotaban por toda la casa sus treinta y siete compañeros de clase, eternizados en el instante de hacer pipí en la maceta de geranios, de cantar el himno de la escuela con la letra cambiada por versos de burla contra el rector, de beberse a escondidas un vaso de brandy de la botella de papá. Pues habían abierto tantas luces al mismo tiempo que la casa se había rebosado, y todo el cuarto año elemental de la escuela de San Julián el Hospitalario se había ahogado en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. En Madrid de España, una ciudad remota de veranos ardientes y vientos helados, sin mar ni río, y cuyos aborígenes de tierra firme nunca fueron maestros en la ciencia de navegar en la luz.
-De acuerdo -dijo el papá, lo compraremos cuando volvamos a Cartagena.
Totó, de nueve años, y Joel, de siete, estaban más decididos de lo que sus padres creían.
-No -dijeron a coro-. Nos hace falta ahora y aquí.
-Para empezar -dijo la madre-, aquí no hay más aguas navegables que la que sale de la ducha.
Tanto ella como el esposo tenían razón. En la casa de Cartagena de Indias había un patio con un muelle sobre la bahía, y un refugio para dos yates grandes. En cambio aquí en Madrid vivían apretados en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. Pero al final ni él ni ella pudieron negarse, porque les habían prometido un bote de remos con su sextante y su brújula si se ganaban el laurel del tercer año de primaria, y se lo habían ganado. Así que el papá compró todo sin decirle nada a su esposa, que era la más reacia a pagar deudas de juego. Era un precioso bote de aluminio con un hilo dorado en la línea de flotación.
-El bote está en el garaje -reveló el papá en el almuerzo-. El problema es que no hay cómo subirlo ni por el ascensor ni por la escalera, y en el garaje no hay más espacio disponible.
Sin embargo, la tarde del sábado siguiente los niños invitaron a sus condiscípulos para subir el bote por las escaleras, y lograron llevarlo hasta el cuarto de servicio.
-Felicitaciones -les dijo el papá ¿ahora qué?
-Ahora nada -dijeron los niños-. Lo único que queríamos era tener el bote en el cuarto, y ya está.
La noche del miércoles, como todos los miércoles, los padres se fueron al cine. Los niños, dueños y señores de la casa, cerraron puertas y ventanas, y rompieron la bombilla encendida de una lámpara de la sala. Un chorro de luz dorada y fresca como el agua empezó a salir de la bombilla rota, y lo dejaron correr hasta que el nivel llego a cuatro palmos. Entonces cortaron la corriente, sacaron el bote, y navegaron a placer por entre las islas de la casa.
Esta aventura fabulosa fue el resultado de una ligereza mía cuando participaba en un seminario sobre la poesía de los utensilios domésticos. Totó me preguntó cómo era que la luz se encendía con sólo apretar un botón, y yo no tuve el valor de pensarlo dos veces.
La luz es como el agua -le contesté: uno abre el grifo, y sale.
De modo que siguieron navegando los miércoles en la noche, aprendiendo el manejo del sextante y la brújula, hasta que los padres regresaban del cine y los encontraban dormidos como ángeles de tierra firme. Meses después, ansiosos de ir más lejos, pidieron un equipo de pesca submarina. Con todo: máscaras, aletas, tanques y escopetas de aire comprimido.
-Está mal que tengan en el cuarto de servicio un bote de remos que no les sirve para nada -dijo el padre-. Pero está peor que quieran tener además equipos de buceo.
-¿Y si nos ganamos la gardenia de oro del primer semestre? -dijo Joel.
-No -dijo la madre, asustada-. Ya no más.
El padre le reprochó su intransigencia.
-Es que estos niños no se ganan ni un clavo por cumplir con su deber -dijo ella-, pero por un capricho son capaces de ganarse hasta la silla del maestro.
Los padres no dijeron al fin ni que sí ni que no. Pero Totó y Joel, que habían sido los últimos en los dos años anteriores, se ganaron en julio las dos gardenias de oro y el reconocimiento público del rector. Esa misma tarde, sin que hubieran vuelto a pedirlos, encontraron en el dormitorio los equipos de buzos en su empaque original. De modo que el miércoles siguiente, mientras los padres veían El último tango en París, llenaron el apartamento hasta la altura de dos brazas, bucearon como tiburones mansos por debajo de los muebles y las camas, y rescataron del fondo de la luz las cosas que durante años se habían perdido en la oscuridad.
En la premiación final los hermanos fueron aclamados como ejemplo para la escuela, y les dieron diplomas de excelencia. Esta vez no tuvieron que pedir nada, porque los padres les preguntaron qué querían. Ellos fueron tan razonables, que sólo quisieron una fiesta en casa para agasajar a los compañeros de curso.
El papá, a solas con su mujer, estaba radiante.
-Es una prueba de madurez -dijo.
-Dios te oiga -dijo la madre.
El miércoles siguiente, mientras los padres veían La Batalla de Argel , la gente que pasó por la Castellana vio una cascada de luz que caía de un viejo edificio escondido entre los árboles. Salía por los balcones, se derramaba a raudales por la fachada, y se encauzó por la gran avenida en un torrente dorado que iluminó la ciudad hasta el Guadarrama.
Llamados de urgencia, los bomberos forzaron la puerta del quinto piso, y encontraron la casa rebosada de luz hasta el techo. El sofá y los sillones forrados en piel de leopardo flotaban en la sala a distintos niveles, entre las botellas del bar y el piano de cola y su mantón de Manila que aleteaba a media agua como una mantarraya de oro. Los utensilios domésticos, en la plenitud de su poesía, volaban con sus propias alas por el cielo de la cocina. Los instrumentos de la banda de guerra, que los niños usaban para bailar, flotaban al garete entre los peces de colores liberados de la pecera de mamá, que eran los únicos que flotaban vivos y felices en la vasta ciénaga iluminada. En el cuarto de baño flotaban los cepillos de dientes de todos, los preservativos de papá, los pomos de cremas y la dentadura de repuesto de mamá, y el televisor de la alcoba principal flotaba de costado, todavía encendido en el último episodio de la película de media noche prohibida para niños.
Al final del corredor, flotando entre dos aguas, Totó estaba sentado en la popa del bote, aferrado a los remos y con la máscara puesta, buscando el faro del puerto hasta donde le alcanzó el aire de los tanques, y Joel flotaba en la proa buscando todavía la altura de la estrella polar con el sextante, y flotaban por toda la casa sus treinta y siete compañeros de clase, eternizados en el instante de hacer pipí en la maceta de geranios, de cantar el himno de la escuela con la letra cambiada por versos de burla contra el rector, de beberse a escondidas un vaso de brandy de la botella de papá. Pues habían abierto tantas luces al mismo tiempo que la casa se había rebosado, y todo el cuarto año elemental de la escuela de San Julián el Hospitalario se había ahogado en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. En Madrid de España, una ciudad remota de veranos ardientes y vientos helados, sin mar ni río, y cuyos aborígenes de tierra firme nunca fueron maestros en la ciencia de navegar en la luz.
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LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL
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