lunes, 10 de mayo de 2010

Premio de POESÍA. Primer nivel


CONCURSO LITERARIO 2010


PRIMER PREMIO POESÍA


PRIMER NIVEL




Tiraba la luna
rayitos de nácar
sobre la laguna,
al fondo del agua.
Y al ver su tristeza
habló el horizonte:
¿Qué pasa mi reina
que tienes oscura
y triste la noche?

Lágrimas de pena
la luna lloraba.
Ya no viene a verme
quien me enamoraba.

Mi luna lunera
vendrán más luceros,
¿no sabes mi reina
que por ti muero?

Un collar de perlas
te haré con tu llanto,
de miles de estrellas
un hermoso manto.

De luces de plata
salpicó los montes
y brilló en su belleza
desde lo más alto...

Rocío Aráez García 2º ESO B

Premio de PROSA. Primer nivel



CONCURSO LITERARIO 2010


PRIMER PREMIO PROSA


PRIMER NIVEL



De repente me di cuenta de dónde estaba: dentro del espejo. Comencé a gritar y a golpear el espejo pero nadie me oía. Ella, que gracias a mí se pudo liberar, me dijo desde fuera que lo sentía; que sin ningún motivo, siempre quedaba alguien dentro del espejo y por más que intentaban explicárselo, todos pensaban que se trataba de una broma, era inútil.
Quedé atrapada allí durante años y era frustrante ver a la gente pasar y que nadie te pudiera ayudar por el simple hecho de que no te veían a través de él, la gente se observaba en el espejo y solo veía su reflejo.
Dentro del espejo había un mundo fascinante, era todo un paisaje con montañas, casitas, lagos, puentes…era como en los cuentos, pero por más que pasaron los años, echaba en falta a mi familia y no encontraba solución a lo que había ocurrido. Al cabo de unos años todos mis recuerdos se fueron desvaneciendo y perdí absolutamente la cabeza, no recordaba ni mi nombre.
De repente y en un mismo instante todo el suelo comenzó a vibrar. Al ver a aquel niño intentando acercarse al espejo pensé que había llegado la oportunidad, que había llegado el día de salir de allí, era el fin de esta pesadilla y así fue: cuando el niño intentó acercarse para tocar el espejo agarré su mano, él quedó dentro del espejo y yo conseguí salir de allí.
-¿Y qué pasó después profesora, qué pasó?
-Nada, cuando intenté ayudar a aquel niño a salir de allí, una panda de jóvenes que iban corriendo por el museo tropezaron con el espejo y éste se rompió en mil pedazos.
-¿Y entonces el niño consiguió salir del espejo o quedó atrapado para siempre?
-No lo sé, Adrián, no lo sé, lo único que sé es que me sentiré culpable toda la vida de haber encerrado en el espejo a aquel pobre niño…Pero en fin, también ha tenido sus ventajas saber que hay otro mundo dentro de un espejo, ¿no crees?
- Profesora, ¿Y qué nos enseña esta historia?
-Que cuando vayáis a un museo, tienda o cualquier otro sitio, haced caso cuando os digan no tocar, si no puede que acabéis dentro de un espejo…y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Ana Belén Aráez Segarra 2º ESO B

¡ENHORABUENA!

domingo, 25 de abril de 2010

Premios del Concurso Literario 2010

Enhorabuena a los ganadores y a todos los que habéis participado un año más en el concurso literario del Centro.

Os esperamos a todos el miércoles 28 a las 13:00h para la fiesta de entrega de los premios. Como sabéis este año va a ser muy especial, para ello estamos preparando varias sorpresas.



viernes, 23 de abril de 2010

Día Mundial del Libro



Los dos reyes y los dos laberintos

Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de -Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo a1 rey de Babilonia que él en Arabia tenía un laberinto mejor y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: "¡Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras, que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te veden el paso."

Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea Aquel que no muere.

Jorge Luis Borges



Un sueño

Josef K. soñó:

Era un día hermoso, y K. quiso salir a pasear Pero apenas dió dos pasos, llegó al cementerio. Vió numerosos e intrincados senderos, muy numerosos y nada prácticos; K. flotaba sobre uno de esos senderos como sobre un torrente , en un inconmovible deslizamiento. su mirada advirtió desde lejos el montículo de una tumba recién cubierta, y quiso detenerse a su lado. Esse montículo ejercía sobre él casi una fascinación, y le parecía que nunca podría acercarse demasiado rápidamente. De pronto, sin embargo, la tumba casi desaparecía de la vista, oculta por estandartes que flameaban y se entrechocaban con fuerza; no se veía a los portadores de los estandartes, pero era como si allí reinara un gran júbilo

Todavía buscaba a la distancia, cuando vió de pronto la misma sepultura a su lado, cerca del camino; pronto la dejaría atrás. Salto rápidamente al césped. Pero como en el momento del salto el sendero se movía velozmente bajo sus pies, se tambaleó y cayó de rodillas justamente frente a la tumba. Detrás de ésta había dos hombres que sostenían una lápida en la tierra, donde quedó sólidamente asegurada. Entonces surgió de un matorral un tercer hombre, en quién K. inmediatamente reconoció a un artista. Sólo vestía pantalones y una camisa mal abotonada; en la cabeza tenía una gorra de terciopelo; en la mano un lápiz común, con el que dibujaba figuras en el aire mientras se acercaba
Apoyó ese lápiz en la parte superior de la lápida; la lápida era muy alta; el hombre no necesitaba agacharse, pero si inclinarse hacia adelante, porque el montículo de tierra (que evidentemente no quería pisar) lo separaba de la piedra. Estaba en puntas de pie y se apoyaba con la mano izquierda en la superficie de la lápida. mediante un prodigio de destreza logró dibujar con un lápiz común letras doradas y escribió: "Aquí yace". Cada una de las letras era clara y hermosa, profundamente inscripta y de oro purísimo Cuando hubo escrito las dos palabras, se volvió hacia K. que sentía gran ansiedad por saber cómo seguiría la inscripción, apenas se preocupaba por el individuo y sólo miraba la lápida. EL hombre se dispuso nuevamente a escribir, pero no pudo, algo se lo impedía; dejo caer el lápiz y nuevamente se volvió hacia K.

Esta vez K. lo miró y advirtió que estaba profundamente perplejo, pero sin poder explicarse el motivo de su perplejidad. Toda su vivacidad anterior había desaparecido. Esto hizo que también K. comenzara a sentirse perplejo; cambiaban miradas desoladas; había entre ellos algún odioso malentendido, que ninguno de los dos podía solucionar. Fuera de lugar, comenzó a repicar la pequeña campana de la capilla fúnebre, pero el artista hizo una señal con la mano y la campana cesó. Poco después comenzó nuevamente a repicar; esta vez con mucha suavidad y sin insistencia; inmediatamente cesó; era como si solamente quisiera probar su sonido. K. estaba preocupado por la situación del artista, comenzó a llorar y sollozó largo rato en el hueco de sus manos. El artista esperó que K. se calmara y luego decidió , ya que no encontraba otra salida, proseguir su inscripción . El primer breve trazo que dibujó fué un alivio para K. pero el artista tuvo que vencer evidentemente una extraordinaria repugnancia antes de terminarlo; además, la inscripción no era ahora tan hermosa, sobre todo parecía haber mucho menos dorado, los trazos se demoraban, pálidos e inseguros; pero la letra resultó bastante grande. Era una J.; estaba casi terminada ya, cuando el artista, furioso, dió un puntapié contra la tumba y la tierra voló por los aires. Por fin comprendió K.; era muy tarde para pedir disculpas; con sus diez dedos escarbó en la tierra, que no le ofrecía ninguna resistencia; todo parecía preparado de antemano; sólo para disimular, habían colocado esa fina capa de tierra; inmediatamente se abrió debajo de él un gran hoyo, de empinadas paredes, en el cual K. impulsado por una suave corriente que lo colocó de espaldas, se hundió. Pero cuando ya lo recibía la impenetrable profundidad esforzándose todavía por erguir la cabeza, pudo ver su nombre que atravesaba rápidamente la lápida, con espléndidos adornos.

Encantado con esta visión, se despertó.

Franz Kakfa

jueves, 22 de abril de 2010

Paseo por Orihuela

El miércoles pasado los alumnos de 4º de la ESO recorrimos las calles de Orihuela para recordar a Miguel Hernández. Fue un paseo grato porque vimos su casa y los sitios que él frecuentaba. Nos empapamos de sus vivencias y respiramos el aroma de su ciudad; leímos sus poemas y sentimos al poeta alicantino más cercano.


Por las calles voy dejando
algo que voy recogiendo:
pedazos de vida mía
venidos desde muy lejos.

Miguel Hernández.







Cuando paso por tu puerta,
la tarde que viene a herir
con su hermosura desierta
que no acaba de morir.
Tu puerta no tiene casa
ni calle: tiene un camino,
por donde la tarde pasa
como un agua sin destino.
Tu puerta tiene una llave
que para todos rechina.
En la tarde hermosa y grave,
ni una sola golondrina.
Hierbas en tu puerta crecen
de ser tan poco pisada.
Todas las casas padecen
sobre la tarde abrasada.

Miguel Hernández


Como la higuera joven
de los barrancos eras.
Y cuando yo pasaba
sonabas en la sierra.
Como la higuera joven,
resplandeciente y ciega.
Como la higuera eres.
Como la higuera vieja.
Y paso, y me saludan
silencio y hojas secas.
Como la higuera eres
que el rayo envejeciera.

Miguel Hernández

viernes, 16 de abril de 2010

Visita a la Orihuela de Miguel Hernández


El pasado miércoles, 14 de abril, Día de la República, los alumnos de 1º de Bachillerato fueron de excursión a Orihuela con la intención de conocer aquellos lugares de la ciudad más íntimamente relacionados con el poeta Miguel Hernández. Acompañados por Iván, un guía excepcional, visitaron la casa del poeta, el colegio de Santo Domingo y la Catedral de Orihuela.

Hubo alumnos que incluso se atrevieron a recitar algún poema delante de la famosa higuera situada en el patio de la casa de Miguel: Mariano Ibáñez leyó La palmera, Edgar Villena, El rayo que no cesa y Patricia Alcañiz, La canción del esposo soldado.

La visita forma parte de las actividades programadas para conmemorar el centenario del nacimiento del poeta cabrero de Orihuela.

Son muchos los motivos por los que debemos reivindicar la memoria de Miguel Hernández y Pablo Neruda ha sido uno de los que mejor lo ha expresado:

"Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!"

Pablo Neruda

Sobre Miguel Hernández


Para leer y hacer versos, como para trabajar,
es necesario (¿verdad?) amor.

Miguel Hernández




Fotos de la conferencia de ayer donde nos volvimos a reencontrar con la figura del poeta del amor y del compromiso social y político, el poeta más próximo a todos nosotros.

Como Juan Ramón Jiménez, deseamos que no se pierda su voz, su aliento joven de España.

miércoles, 14 de abril de 2010

Conferencia sobre Miguel Hernández


Entre los actos para conmemorar el Centenario de Miguel Hernández mañana asistiremos a la conferencia de Vicente Pina, amante de los libros y conocedor de la obra hernandiana.

Seguro que aprenderemos algo nuevo sobre el poeta oriolano y recordaremos algunas cosas aprendidas pero olvidadas.